Los Orígenes del Hatha Yoga de Alicia Souto.
El Hatha Yoga es muy popular en occidente. Algunas de sus técnicas son muy practicadas y sin embargo es la disciplina de la que menos soporte documental histórico se dispone en nuestra lengua. El distorsionado aprendizaje popular, de gran componente emocional pero nada académico, adolece del mínimo rigor y precisión. Está muy desorientado del fin último de esta sabiduría milenaria y frecuentemente, lo que siempre ha sido una vía ascética, se reduce a una simple gimnasia de moda.
Alicia Souto, probablemente la mayor autoridad en Hatha Yoga del mundo de habla hispana, tras años de investigación y análisis meticuloso, presenta en esta obra la trilogía:
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HATHA PRADÎPIKÂ de Svâtâmârama probablemente del S. XV. También llamado Caturânga Yoga (el Yoga de los 4 pasos: Âsanas, Pranayama, Mudras, Samadhi) más una sección denominada Nadânusandhana, comentada por Swami Kuvalayananda, Dr. Garote y Alicia Souto, donde se tratan las enfermedades derivadas de las prácticas yóguicas incorrectas y algunas consideraciones terapéuticas.
GHERANDA SAMHITÂ – que algunos autores atribuyen a Chanda Kapali, un vaishnava bengalí del S.XVII. También se le denomina Saptânga Yoga (el Yoga de los 7 pasos: Purificación, Fortalecimiento, Estabilidad, Compostura, Liviandad, Realización, Aislamiento)
GORAKSA SHATAKA – de Goraknâth, escrito aproximadamente entre los siglos X-XI. Propone el Sadanga Yoga, (el Yoga de los 6 pasos: Âsana, Prânasamyama, Pratyâhârâ, Dhârana, Dhyana, Samadhi)
Estas obras han sido traducidas y comentadas, en edición crítica, con objetividad, rigor académico y la máxima fidelidad a los textos originales para aportar las bases de consulta, análisis y profundización de todo conocimiento que tengamos para someterlo a reflexión.

A pesar de las distintas explicaciones o métodos, Yoga sólo hay uno que atiende a un solo propósito. Ojala todos entendiéramos que detrás de toda multiplicidad existe sólo la Unidad y que, a pesar de la gran variedad de técnicas, el fin inexorable de todo ser humano es recuperar la conciencia de Ser. Todos los males que el Yoga cura se podrían reducir al de la amnesia: el olvido de nuestra naturaleza divina, “imperecedera, eterna, no nacida e inmutable” Gîtâ II,21
Pero la verdad, y lo sabemos todos los que enseñamos esta disciplina desde hace décadas, es que se necesitan diferentes discursos para el mismo método dependiendo de la persona que nos escucha. Nos encontramos con dos tipos de estudiantes: los que se creen un cuerpo que quizá tenga un alma y los que creen ser un alma atrapada en un cuerpo.
Los primeros (los cuerpos) encontrarán en el Yoga un conjunto de “trucos” para conservar la salud o mejorarla, mantener su elasticidad y buena forma, tranquilizarse y quizá tener algunas experiencias psíquicas. Toda su actividad se concentrará en los tres primeros chakras por debajo del corazón. Se activará la libido, las funciones vitales y la conexión a la tierra. Su aproximación será ayurvédica, tántrica y motora. Verán en el Yoga una forma de mejorar y prolongar la Vida.
Los segundos (las almas) descubrirán que la jaula del cuerpo que las contiene es de imaginarios barrotes de humo, que esa cárcel no tiene techo, que la escapada es tan simple como mirar hacia arriba y volar. El poder de Shakti les transportará por encima del amor en Anahata hacia los tres últimos chakras. Se activarán las funciones creativas, intuitivas y supraconsciencientes. Indudablemente se beneficiarán de las prácticas del Hatha Yoga apara profundizar cada vez más en su camino meditativo. [3] El Hatha Yoga tiene la innegable importancia de empezar el camino de la evolución espiritual desde la base, desde el nivel físico, pasando por el energético (pránico) hasta los niveles más elevados de la expresión de la existencia. Esta aportación maravillosa se contrapone a la separación entre la materia y el espíritu de las filosofías occidentales.
El Yoga recupera la espiritualidad incluso de la materia coincidiendo con los postulados de la moderna filosofía de la ciencia.La interacción entre los diferentes gradientes de cada jivatman, diferenciados por la acción de las tres gunas, produce la multiplicidad: entre la mente y el cuerpo se produce la acción, entre la mente y el alma se generan los pensamientos, entre el alma y el cuerpo surgen las emociones. El Yoga hace que los pensamientos, las emociones y las acciones estén en armonía.
Cuando se visita la India, inmediatamente uno se da cuenta de que todo está dedicado a Dios, lo importante nunca es el autor que permanece en el anonimato sincero. El acto creativo es un acto de devoción donde lo que se intenta es reflejar la belleza divina. La autoría de las obras, en muchos casos, tiene que descubrirse por comentarios posteriores que le hacen referencia. La concepción del tiempo y la tradición oral hacen muy difícil la ubicación cronológica de cada tratado, de ahí la gran dificultad en la datación histórica y su controversia.
Pero la tradición del Parampara afirma que el origen del Yoga se remonta a tiempos prevédicos, ya se encontraron en el valle del Indo sellos de terracota y esteatita con figuras haciendo âsanas. Los antiguos mesopotámicos ansiaban visitar la mítica Dilmun, en la India, "El lugar de la salida del sol" o "La tierra de la vida". En una de las tablillas del Mito de Enki y Ninhursag, se la describe como "Una tierra virginal y prístina, donde los leones no matan, los lobos no se llevan a los corderos, los cerdos no saben que los granos son para comer". Ya se habla de Yoga en los míticos Upanishads [4]
Todos aquellos que ya lleven muchos años en la práctica y enseñanza del Yoga, coincidirán en que hemos pasado de una primera fase de descubrimiento y difusión, a la etapa del conocimiento profundo y la especialización. Supongo que también convendrán, especialmente aquellos que hayan estudiado en las escuelas de linaje, en que la popularización en occidente ha degradado incluso los más elementales principios del Yoga clásico y que hoy cuesta acceder a una formación seria; actualmente, incluso en India, no es fácil encontrar todas las garantías y es bastante probable ser víctima de la especulación: la mayoría de los estudiantes son extranjeros y constituyen una importante fuente de divisas. La cultura se convierte, en algunos casos, en bien de consumo.
Y aunque el Yoga no es cuestión de erudición si no de vivencia y experimentación, la vía académica, las buenas traducciones, los buenos analistas e investigadores, son uno de los mejores remedios para devolver un poco de sentido y dignidad a esta ciencia milenaria. De ahí la gran aportación de Alicia Souto con su trilogía de las obras clásicas del Hatha Yoga.
Quizá los swamis tengamos también la obligación moral [5] de aportar elementos para la revisión del mundo del Yoga, ajenos a la especulación comercial en el espíritu de renuncia, sin buscar o temer el aplauso o la censura, con firmeza benévola y conscientes de la oscuridad de este Kali Yuga.
Los puntos críticos sobre los que convendría discutir con honestidad, escapando de cualquier agitación del ánimo que perturbe nuestra paz, serían:
ü Se niega o banaliza el propósito espiritual del Yoga. Se dice que una minoría del 2,5% de la humanidad se considera atea y nos intenta convencer de que 6620 millones de seres humanos con valores espirituales estamos equivocados. Aceptando que vivimos en la época de menor religiosidad de la historia y que un 12,8% no practica ninguna religión aunque reconoce tener o haber tenido, en algún momento, inquietudes espirituales. Paradoja histórica precisamente cuandola moderna filosofía de la ciencia camina, cada vez más cerca, de una reconciliación con la espiritualidad y la metafísica, perdidas hace sólo 400 años. Insignificancia cronológica si datamos los orígenes de la tradición oral del Yoga Vedanta en los 7000 años y testimonios religiosos primitivos anteriores al neolítico.
ü Las âsanas, lo que el público llama Yoga, es la minúscula parte de este camino y la más practicada, pero es la menos documentada. El distorsionado aprendizaje popular, de gran componente emocional pero nada académico, adolece del mínimo rigor y precisión. Muy pocos practican los pranayamas más elementales, ni conocen o aplican los principios éticos de los yamas-niyamas. Los textos clásicos de referencia son desconocidos. En muchos casos, ciegos conduciendo a otros ciegos en el minúsculo laberinto de la ignorancia. Todo se reduce a movimiento, nombre y forma. No se escapa de lo puramente físico y se desconoce la liberación meditativa. [6]
ü Lamentablemente la palabra Yoga es producto de mercado y un bien de consumo: Cada día yogas nuevos, más cercanos a un producto de marketing que a la sabiduría, más asociados a un holding empresarial que a la intimidad de la búsqueda interior. Hasta el Gobierno de la India ha tenido que tomar medidas para evitar que algunas âsanas fueran patentadas con fines comerciales.
ü El ascetismo más antiguo del mundo, la mística más elevada de la humanidad, se intenta reducir a una pusilánime gimnasia esnob y un negocio para oportunistas. El Yoga que se vende es producto de una información pícaramente sesgada. Sólo un 5% de los practicantes sabe lo que es un Swami, o ha leído las escrituras básicas. Hasta los líderes de opinión prefieren silenciarse para sobrevivir en el mercado que los alimenta.
ü Los orígenes históricos relativamente ignorados bajo la excusa de la inculturación. Cualquier investigador, siga la pista que siga, hallará en las escrituras y en la tradición oral a Âdinâtha (Siva como Señor Primordial) enseñando el Yoga a su esposa Párvati. De ahí a Matsyendranâth y Goraksanâth, Atmârama, Svâtmârâma, etc. Desde los Navanâthas hasta nuestros días gracias a una leal cadena discipular (Parampara). Se han encontrado imágenes en Mohenjo-Daro de un denominado “Protoshiva” en sellos de esteatita, lo uqe hace pensar en un origen religioso del Yoga.
ü Excesiva teorización. La pugna entre la erudición y la sabiduría. La mera comprensión teórica no aporta ningún resultado. En lugar de airear y apaciguar la mente la atiborramos cada vez con más datos. “Simplifica tu vida, purifica tu corazón, vive en lo Eterno” decía Swami Sivananda. Sólo con practicar uno de los Yamas con perfección, como hizo Mahatma Gandi con el Ahimsa, se podría alcanzar la Realización. “Vale más un gramo de práctica que una tonelada de teoría” Sw. Sivananda . Sólo con realizar unos de los slokas del Bhagavad Gîtâ se alcanzaría el Moksha o liberación. Sólo con una âsana, si se entendiera bien qué es, se podría contemplar a Dios: “Lo que posibilita contemplar el Absoluto continuamente y por un largo tiempo” Tejobindhu Upanishad I, 24-25
ü Culto al cuerpo. Culto al ego. El hombre enajenado del mundo virtual, el homo deletor, aniquila su bioesfera y se alimenta de sus víctimas, destruyendo su salud, abaratando todo ideal y matando dioses. En lugar de altares se erigen espejos. El ego entronado conduce insaciablemente hacia la diferenciación. El músculo y el sexo predominan sobre el corazón y la mente. El guru es menospreciado “No hay iluminación sin el Guru, sin su instrucción y sin su gracia” Gheranda Samhitâ VII, 1
ü Los peligros de la popularización especialmente cuando lo sagrado se convierte en folclore son evidentes. Nunca hubo en nuestra cultura proselitismo ni misioneros, si no más bien una difusión restrictiva marcada casi siempre por el secreto tanto en la práctica como en la enseñanza. Todo ello enmarcado por la doctrina hermética de los Brâhmanas, el Rahasya, “Los yoguis que desean el éxito en Yoga deben mantener la ciencia del Hatha estrictamente secreta. Oculta es provechosa, revelada inefectiva.” (HP I, 11)
Cuando lo sagrado se banaliza, se hace vulnerable a los peligros de una práctica incorrecta, un mal entender y a la picaresca del mercado. Una prueba es la compleja estructura críptica de los Vedas. Alguien afirmó que los Vedas “…están escritos para aquellos que ya no necesitan leerlos”. El secreto se protege a si mismo y es verdad que cuanto más se avanza más se siente la necesidad de un intérprete, un Guru.
La tradición oral en esta enseñanza tiene un origen remoto. Siempre ha sido Gurukula (vivir en familia con el Maestro ), Guhyâ Adesa (la preservación del Secreto) según los Upanishads, desde la noche de los tiempos “Ciertas prácticas se mantienen en secreto por que requieren la enseñanza del maestro y la devoción del discípulo” (GS III, 6, 71, 72).
Entiéndase bien que no era un conocimiento, instrumento de poder atesorado por unos pocos, si no preservado en lo sagrado y en lo solemne para todos aquellos suficientemente maduros para entender.